La vida en sí, es una locura. Una coña. Una ironía.
Tan irónica como tan pronto estás en la mierda más grande, como que de repente aparece alguien que ilumina el oscuro sendero donde creías estar muriéndote por momentos. Como si alguien desde el más allá estuviese controlando todo esto, haciendo y deshaciendo a su antojo nuestras vidas. Tipo: Ahora te hundes, mañana te rescata alguien a quien mantuviste en la sombra. ¡Toma lección de vida! Pero tan irónica que esa persona buscaba alguna forma de entrar en tu vida y tú continuabas mirando al demonio disfrazado de cordero. Que forma de perder el tiempo tan absurda. Malgastando horas a causa del sufrimiento, y desperdiciando minutos que jamás podrán ser recuperados.
De pronto lo he dejado todo desierto en mi cabeza. Por un momento he olvidado a todo el mundo. Y me he dedicado exclusivamente a hacer un hueco en mi mente en el que solo cabemos tú y yo. ¿Para que coño quiero pintar a nadie más en mis sueños? Si nadie más puede hacer que me convierta en una niña alocada de nuevo, llena de luz y de vida. Tú despertabas esa parte de mí y yo la disfrutaba porque sabía que me merecía ser feliz. Contigo me sentía libre como un pájaro en el aire. Me hacías volar y todo era una locura. Dulce locura. Ni si quiera quería analizar por qué esto era así, y asá. Me dejaba llevar en todo momento. Al son de la música. Dejando que mis pies se moviesen solos durante los tres o cuatro minutos que dura una canción. Recuerdo tus brazos, abiertos como dos ventanales de par en par. Invitándome a refugiarme en ti sin tener que pedirle permiso a nadie.
Fue un refugio incansable espectacular. Me ensimismaba por momentos, sonreía por lo bajo, me reía, tu risa era todavía más contagiosa, yo me volvía pequeña e inocente. Y al final, te quería eternamente. Pero quería darme de hostias porque tenía la necesidad de que me cuidaras. (Life is ironic.) Cuando en mis planes nunca había entrado dicha necesidad tan absurda. Al fin y al cabo, ¿quién mejor que yo misma para cubrirme las espaldas en todo momento?
De pronto lo he dejado todo desierto en mi cabeza. Por un momento he olvidado a todo el mundo. Y me he dedicado exclusivamente a hacer un hueco en mi mente en el que solo cabemos tú y yo. ¿Para que coño quiero pintar a nadie más en mis sueños? Si nadie más puede hacer que me convierta en una niña alocada de nuevo, llena de luz y de vida. Tú despertabas esa parte de mí y yo la disfrutaba porque sabía que me merecía ser feliz. Contigo me sentía libre como un pájaro en el aire. Me hacías volar y todo era una locura. Dulce locura. Ni si quiera quería analizar por qué esto era así, y asá. Me dejaba llevar en todo momento. Al son de la música. Dejando que mis pies se moviesen solos durante los tres o cuatro minutos que dura una canción. Recuerdo tus brazos, abiertos como dos ventanales de par en par. Invitándome a refugiarme en ti sin tener que pedirle permiso a nadie.
Fue un refugio incansable espectacular. Me ensimismaba por momentos, sonreía por lo bajo, me reía, tu risa era todavía más contagiosa, yo me volvía pequeña e inocente. Y al final, te quería eternamente. Pero quería darme de hostias porque tenía la necesidad de que me cuidaras. (Life is ironic.) Cuando en mis planes nunca había entrado dicha necesidad tan absurda. Al fin y al cabo, ¿quién mejor que yo misma para cubrirme las espaldas en todo momento?
¿Y ahora? ¿Sigues pensando que la vida no es una locura?


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